domingo, 8 de noviembre de 2015

A bailar, que son dos días…

lunes, 10 de agosto de 2009
Guión de un monólogo
Hey family, buenas noshes noshes, señores y señoras, señoritos y señoritas. Hoy les voy a contar una verdad verdadera. Más verdadero que la grandísimas gilipolleces que dice habitualmente Pipi Estrada. Hoy el temario va sobre bailarrr…, como diría mi gran amigo Kim África. Bueno, no es amigo ni ná, pues ni siquiera le conozco, aunque me hace musha gracia el compadre.

Estamos de pleno en el mes de agosto y nada más y nada menos, pisha, que estamos en Sevilla. Vamos, que frío frío, poquito. Aquí en estas feshas, ni siquiera amenaza un vientecillo. Vamos, que ya no sabes que quitarte, la piel a cashos es lo próximo... Pues con toda la caló, me fui el finde, a una disco de la cual obviaré su nombre. Claro, si no hay parné, no hay publi que valga. Esto es asín, miarma...

Bueno, pues en el garito, que por cierto estaba hasta las trancas, la gente no paraba de bailarrr. Vamos, que con esa caló y los sudores sobaqueros de algunos y algunas también, todo hay que decirlo, el cubalibre, vamos, la copa que te habías pedido, te sabía un poquito, al agua de la puta fregona. Bueno, yo el agua fregonera no la he probado todavía, pero me imagino que debe saber casi igual...


La gente bailaba sin pararrr y yo me pregunto que con lo patoso que soy para estas cosas, y otras también (pero eso ya es otra historia), o le eshas musho alcohoool a tu cuerpecito serrano o le eshas musha jeta, vamos, musha cara, de la que me desenvuelvo bastante bien, para no ser el muermo que cuida de los shaquetones. De los shaquetones de todos tus amiguetes y amiguitas que están pasándoselo shashi piruli y haciendo el previo de una güena carboná, con todos sus avíos, para después fuera de la disco... Bueno, ¿Ya me entendéis, no…?


Yo creo que el saber bailarrr en una discoteca no se aprende, sino que se nace con esa virtud, se lleva congénito. Pero tranqui, tampoco estoy diciendo que en la placenta, normalmente de tu madre, seas John Travolta en Grease, eh... Yo por ejemplo me decanté por otras cositas, también una jarta güenas, pero ahora no vienen al caso.


Aunque no lo parezca, yo ya paso la treintena y la cuarentena, y claro, pishita, aunque el finde volví a una disco, el paso del tiempo te va retirando progresivamente de las pistas, hacia los bares de puretas...


Bueno, todavía hay las excepciones de la típica y a la vez patética cena de empresa y quedadas masivas, en invierno, con tu bufanda y guantes reglamentarios, o las quedadas en el shiringuito playero, en veranito, con tu fardapisha reglamentario (bañador clásico) y luciendo esa tripita Cruzcampo que has estado criando poquito a poco. Vamos, botellín a botellín. Y cada vez que pasa una gashí güenorra a tu vera, con las peras al aire libre y un minitangita marcando con explendor todo su artículo de lujo, madre del amor hermoso, a meter barriga y aguantá la respiración como un condenao. Pero quitas esas excepciones y ya puedes ir dándote por retirado del mundo del dancing.


Pero voy a volver a mi noshecita del finde pasao. A los treintañeros o cuarentones, yo ni uno ni otro, bueno, si ¿que pasa? Se nos están muriendo los mitos… Cuando pusieron en la disco una canción de Michael Jackson, ahora que está más de moda que nunca, un coleguita se puso en la pista de baile a hacer del malogrado cantante negro/blanco, con sus tocamientos de huevos correspondientes. Cual sería la sorpresa, que la gente joven de ahora te dice: ¡Y ahora cuatro, el robocop!


Vamos a ver nuevas generaciones, almas de cántaro, no se está bailando la canción del shiqui-shiqui, están con una canción distinta del original Rey del pop. Eso creo yo que no es motivo de guasa, que hay musha guasa y cashondeo por Sevilla. Pero ya es tarde, y todos los que te rodean van otra vez por el crusaíto mientras tú te quedas incomprendido con el paso del Moonwalk a medias y encima, sin haber derramado por el camino un solo cubata. ¡¡Eso como es!! Ya no es lo mismo. El tiempo pasa y hay que asumirlo.


Los puretas, porque ya somos putos puretas con todas las de la ley, nos hemos quedado para cantar los temas musicales de nuestra infancia agarrados por los hombros –versión pijilla- o para fingir guitarras al aire –versión más macarra-. Es una pena penita pena, porque ver el show de un grupo de treintañeros bailando como hace diez años, debería ser patrimonio cultural de la humanidad. Vamos eso es lo que pienso yo particularmente y no es ninguna shuminá campestre, vale…


Estimado púbico, digo público, er pescao ya está vendio por hoy y ya hay que cerrar la pescadería. Bueno, mushas gracias, mushas gracias, gracias mushas. Mushas gracias a todos y a todas y hasta la próxima amiguetes y amiguitas. Hay sido un auténtico e inenarrable placer, y yo no soy hipócrita, eh... Venga, a dormir ya, ¡leñe!...