domingo, 12 de julio de 2015

Puta Navidad, es posible...

lunes, 15 de diciembre de 2008
Guión de un monólogo
Hola, hola, hola, muy buenas noches noches a todos y, por supuesto, a todas. Querido público asistente, queridos compañeros, a la par que amigos, colegas, compadres y conocidos bastante desconocidos. Hoy les voy a hablar de la querida y entrañable Navidad para casi todos, pero para mí, es cada vez peor.

Si, desgraciadamente, ya se ha perdido totalmente el espíritu navideño, pishita, ya es una fiesta que depende única y exclusivamente de unos grandes almacenes, del que no voy a decir su nombre, pero que todos lo sabemos, hasta un inglés de Erasmus. ¡Que lástima que en Navidad, todo dependa de comprar y vender y no de otros valores mucho más humanos! Vivimos en una puta sociedad consumista. ¿no os habéis dao cuenta ya, cohone…?
 
Pero lo que ya me repampinfla, es la puta cena de Navidad, que no tiene otro nombre, la puta cena de Navidad. Quedan unos días, pero ya estoy ensayando la escusa para decir en el último momento: Paso. No voy. Me planto. No me esperéis. Me quedo en casa. Id empezando a cenar. He cambiado de idea. Un mal sueño me ha recordado la pesadilla de cada año por estas fiestas. Prefiero hacer dos coladas y limpiar el baño de mi casita con la lengua, con el patético Gran Hermano de fondo o una canción del amigo Kim África, que volver a revivir el infierno de la enésima cena navideña.

Mi maltrecho espíritu, que llega a estas fechas más destrozado que la cuenta de resultados de los inversores de Forum Filatélico, me ruega, que evite cualquier nuevo suplicio antes de la cena de Nochebuena. 

Queridos compañeros, un servidor no aguantaría una hora y media de atasco por La Palmera o de un Paseo de Colón apestado de coches conducidos por tiparracos, niñatos en su mayoría, niños pijos de papá, pero niñatos, al fin y al cabo. Que se van de cena de Navidad y paran cada vez que el puto semáforo se pone en ámbar, como si estuviesen disfrutando las pocas luces que adornan la ciudad, como si nunca quisiesen llegar a su cita con el destino.

Tampoco soportaría los intensos besos navideños e hipócritas de algunos, cuyos puñales, todavía llevo clavados en mi espalda sangrada. Hay mucho hijo puta suelto todavía, demasiados. Porque la Navidad es una fiesta hipócrita, sí o sí, como diría el señor Benavente, bueno, como diría don José María del Nido Benavente, el presidente palangana. Bueno, el presidente del Sevilla FC, SAD. Vamos, otro chorizo de tomo y lomo, que algún día, acabará en la trena, recogiendo pastillas de jabón... Al final, el tercer ojo, se le pondrá como las Cuevas de Altamira...

Siguiendo con la cena navideña, tampoco soportaría y creo que no sobreviviría a la interminable espera para una cena, lenta lenta, como una boda, acompañado de derecha e izquierda por conocidos/desconocidos que no he querido conocer más, porque no me interesan en absoluto.

No aguantaría ir al típico restaurante, poner 50 ó 60 leuros por tres entremeses de mierda, que seguramente no me gustarán, un segundo y un poco de turrón, por lo que no me cobrarían más de 30 del ala un viernes o sábado normal.

Además, no resistiría controlarme para no beber más de una copa, ya que a pocos metros del restaurante, hay un control de unos sangrantes policías, que necesitan recaudar plata para la campaña de Navidad.

Bueno camaradas, estimado e irrepetible público, el Cuento de Navidad del entrañable Dickens, cada vez suena más a cuento, a cuento chino, entre anuncios/villancicos, atascos y facturas. Queridos compañeros, querido público amigo, el pescao ya está vendio por hoy y ya me voy por donde he venio. Id empezando a cenar, que se enfría la sopa. Buenas noches noches. Gracias, gracias, gracias y que la paz sea con todos ustedes, chao.