domingo, 21 de junio de 2015

Esos queridos guiris

sábado, 1 de noviembre de 2008
Guión de un monólogo
Hola, hola, hola, cooorrrdialessss saludosss, todosss y a todasss, muy buenasss nochesss, nochesss, señoresss y señorasss, señoritosss y... señoritasss. Hoy les voy a contar un tema turístico y muy importante de nuestra querida ciudad de Sevilla. Voy a hablar, sin tapujos ni na, de los queridos e idolatrados guiris. Queridos, si, pero mu catetos ellos, o por lo menos, la gran mayoría...

Los guiris piensan que España o Españia, como pronuncian ellos, concretamente Sevilla o Sevilia, en su pronunciación, es una inmensa jarra de sangría, con su paella y todos sus avíos. Que vamos por la calle y hasta al puto trabajo, en caballo y vestidos de faralaes. Esa es la imagen global que tienen de España pasados los Pirineos.

De momento, hago un inciso, porque el tema de faralaes, es un puto invento de Despeñaperros pa arriba. Miarma, aquí, en Sevilla, no se dice nunca la catetada de vestida de faralaes, se dice siempre, vestida de flamenca o de gitana. De donde carajo, os habéis sacado faralaes. Así que madriles, un sopapo en la boquita, que sois, a veces, una jartá de paletos...


Volviendo a los queridos guiris, en temas culinarios, nos llevamos la palma y en bebercios, ya no te digo na. Ni Alemania, ni Inglaterra, ni Francia, ni Italia, ni na de na. Como la cerveza fresquita, que tenemos aquí, en Españia, sobretodo, en Sevilia, no la hay en ninguna parte, os lo aseguro.


A los españioles, se nos identifica como gentes de caña, birrä o cerveza. Su frescor espumoso y su toque de lúpulo tostado, vuelve loco a más de un aficionado al aperitivo con tapa, con shoshos (altramuces) o jamón de mono (cacahuetes), desde tiempos inmemoriales. Por esas rubias, que apuramos con labios espumosos, suspiran hasta los españioles ausentes, vamos, los que han emigrao y que pululan por esos mundos de Dios, metidos en sus negocios y en sus supervivencias. Pero bueno, esa es otra historia, como diría el gran Moustach, de Irma la dulce.


No hay un buen ambiente, típico made in spanish, sin una buena cervecita, que es lo mismo, que una buena rubia y no le saquéis doble sentido, eh... Una cervecita bien fresquita, de las de barril, las más canallas y sabrosas, para poder poner el punto, hasta la tarde de un otoño como este, por muy frío que sea.


Bueno me estoy desviando al mundo cervecero y de esto, principalmente, no iba mi monólogo de hoy. Además Cruzcampo, no me paga nada por hacerles publicidad. Coño, que no debía de decir marcas. Bueno, tampoco os habéis enterao mucho, ¿no?


Vamos a centrarnos, volviendo al guiri puro y duro. Sí, el que aquí, en nuestra queridísima Sevilla, anda por la Catedral, por el Real Alcázar, sube en pleno mes de julio o agosto, a la mismísima Giralda (hay que ser un poquito suicida), conoce el barrio de Santa Cruz, el barrio de Triana o se mete en la Basílica del Gran Poder o de la Macarena con su sombrero típico de guiri, que va haciendo el ridículo, su camiseta, en la que se marcan todos los michelines posibles, sus bermudas con riñonera incluida, y por supuesto, sus chanclas con calcetines sin tomates, porque sin los tuvieran ya sería el despitorre ciudadano. Vamos que yo creo que hasta Antonio Burgos escribiría en su recuadro de ABC sobre esto.


Pero hay muchas clases de guiris. Los más guiris son los británicos o los mismos americanos, es decir que son más horteras, que un ataúd con chapas. Son prácticamente, los que he descrito anteriormente, siempre cariñosamente, eh... Los que vienen a Españia y en lugar de comer y probar su extensa y variada gastronomía, se meten en un Burger King o McDonald. Coño, otra vez he dicho los nombres. Y se ponen a jalar comida basura. Que cosa más asquerosa y cutre. Cohone, guiris de mi alma, pedir unos güenos cuernos (caracoles) si es la época, una güena pringá, unos shipirones, tortillitas de camarones, bacalao con salmorejo, punta de solomillo o fritura variada. Pero dejar la mierda de hamburguesas, er kechu, la mostasa y un coca-cola, pa vuestro país.


Pero en favor de los guiris, siempre hay algo positivo, tengo que decir, que por lo menos, se dejan su dinero en postales, camisetas típicas como "Ojú, que caló", "Por que no te callas", "Quillo, aquí hase una caló de coones" u otro sinfín de variedades. En los hoteles gastan, sin percatarse mucho del precio, vamos, que para el guiri siempre es temporada alta. Y los taxistas se ponen las botas. Vamos que coge el taxi en la estación de Santa Justa y quiere ir al Hotel Los Lebreros a hospedarse, a cinco minutos andando desde la estación. Vamos, pues el inocente guiri, va a conocer, en el trayecto hasta el hotel, hasta el Parque de los Príncipes, en la otra punta de la ciudad. Y si cuando esté en el mismísimo centro de Sevilla, quiere un viajecito en coche de caballos, lo va a tener, pero le va a costar, como una semanita de cualquier sevillano, comiendo fuera de casa. Vamos, que la clavada, va a ser de órdago. Se la van a meter doblá, sin vaselina ni na.


Luego está el guiri oriental, el japonés. Sí, el de los ojitos oblicuos. Porque el chinito mandalín, no viene a Sevilla de turismo, sino que viene a quedarse y montar un autoservicio, como mandan los cánones. El guiri japonés viene en manada de miles, pero divididos en cientos y estos a su vez en medio centenar. Se meten en una tienda de productos típicos y tocan todo, pero no compran nada. Eso sí, si al valiente de turno, le apetece comprar una figurita o un cenicero o hasta un jamón, la tienda, ya acaba de hacer su agosto. Vende 50 figuritas, 50 ceniceros o 50 jamones. Esto es así, os lo aseguro. Además, curiosamente, los precios suben una jartá, en un plis plas...


Como hay cientos de guiris distintos y si los describo a todos, me va a dar aquí hasta Noshebuena, solamente describiré, al último guiri, al del norte de Europa, o al mochilero de toa la vida, al que le canta una jartá el peluo alerón, el que viene con menos fondos, que una cucharilla de helao. El estudiante de Erasmus, que se hospedará durante seis mesecitos en un piso compartido. Con la ventaja, de al ser guiris, si es italiano ni te cuento, de que se acuestan, y no para jugar al parchís, con todas las sevillanas jovencitas que pillan. Y los demás, los sevillanos, follo con patatas, digo pollo con patatas...


El guiri que viene a Sevilla, siempre, más blanco que las tetas de una monja y se vuelve con el sol sevillano, en una puta pantera rosa. La guiri que se empieza a dar cuenta con el calor, que los sobaquillos peluos cantan una barbaridad y al llevar minifalda o calzonas, según el gusto de la guiri, no puede ser como Macario, sino que hay que comenzar a depilar.


Las guiris cuando vienen a Españia, a Sevilia concretamente, aprenden un motón, cogen una experiencia bárbara, por los menos en temas de belleza. Porque si se ligan a un sevillano, les aseguro, que no estará mucho tiempo con esos matorrales íntimos. También se de muchas hispanas, ojo al dato, que deben de tener antepasados nórdicos o escandinavos, porque, vaya tela, pisha, que cosa más fea y antiestética. Por contra, hay algunas, como las portuguesas, siempre cariñosamente, que prefieren ser como ellas, sin afeitarse el bigotillo ni na...


Bueno chatines, el pescao ya está vendio por hoy y la pescailla se muerde la cola. Gracias, gracias, gracias, gracias y, hasta la vista Babys, cuidaros.